dissabte, 15 de febrer de 2020

INNOVACIÓN: ADAPTABILIDAD O EMANCIPACIÓN? UN DEBATE ACTUAL.


Article publicat en gallec a la revista de Nova Escola Galega, Revista Galega de Educacion, núm 75, A Nova Escola, Hoxe. Gener 2020


Desde setiembre soy un aprendiz de jubilado que sigue interesándose por la escuela y la educación. Hasta junio de 2019 lo estuve intentando desde la escuela: promover la renovación, trabajar en equipo, hacer comunidad, cambiar el currículum y la evaluación, impulsar la formación y la reflexión sobre la práctica, formar alumnos críticos, debatir, dialogar, conversar, formar, educar… hacer de la escuela un lugar vivible y habitable, un lugar público, una escuela pública. Durante estos años no me olvidé de analizar críticamente a las administraciones y también me atreví a poner en duda prácticas y posiciones corporativas de algunos de mis colegas. No tengo, ni he tenido nunca, interés por presumir de currículum. Lo estuve intentando y estoy satisfecho de ello. Bajo el paraguas de la renovación, de la mejora, del cambio, de la innovación. He cosechado algunos fracasos. De ellos he intentado aprender.

La ventaja de la jubilación es que tienes más tiempo para leer, para escribir y para conversar con otros colegas. Y, últimamente, leo mucha literatura pedagógica, cosa que antes no podía. Publico algunos artículos sobre temas de actualidad. Y me doy cuenta de las otras miradas que coexisten con la mía1. Y todo ello me lleva a plantearme y a replantearme muchos temas. Como decía el poeta lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida. 

Leo posiciones cerradas, unilaterales –radicales- frente a la innovación que aparecen en mi bandeja de News. La sospecha recorre los caminos de la innovación y se llama neoliberalismo, banco mundial, fondo monetario internacional… 

Lo cierto es que la innovación que hace unos años era un fenómeno aislado y muy minoritario se ha convertido en noticia de actualidad que merece la atención de los medios de comunicación. En Catalunya, en los últimos quince años, incluso en el marco desfavorable de los severos recortes educativos de la administración, han aparecido numerosas iniciativas y experiencias: escuelas de nueva creación, red de Escuela Nueva 21, Red de competencias básicas, experiencias de Aprendizaje-Servicio, e incluso movimientos de cambio en la escuela privada (Horitzó 2020 en los Jesuitas, Sumem en la Escola Pia). Existen además muchas experiencias aisladas y todo ello ha supuesto una revitalización de la renovación pedagógica. Hay interés en extender y consolidar redes para el cambio. La reciente propuesta de organizar un Congreso de Educación Pública2, responde a esta necesidad: con más de doscientos centros educativos en su organización, supone un reto a corto y medio plazo en el campo de la reflexión y potenciación de nuevas experiencias. 

No obstante, sabemos y constatamos que hay dos intereses en pugna en la educación: contribuir a la formación de una ciudadanía crítica, emancipada, dueña de su destino, con todas las herramientas necesarias para intentar mejorar la sociedad y enfrentarse a los problemas que tiene… o formar ciudadanos que se adapten a un mundo desigual, en el que cambian las reglas de juego, pero los intereses oscuros del capital siguen siendo los mismos: que siga la desigualdad, la pobreza, la exclusión, la destrucción del medio ambiente y que el capital y la riqueza –y los poderes de decisión- sigan en manos de unos pocos. Ya sé de la simplicidad de esta dicotomía, pero se que describe una realidad actual. En este panorama, observo como la innovación o el cambio puede interesar tanto a uno como a otro interés antagónico. Es más, mi experiencia me dice, que en la escuela conviven y se enfrentan estas dos concepciones, en un continuo de acciones y reflexiones que se entrelazan constantemente. 

También las criticas a experiencias y redes de innovación son confusas, y observo como afectan a muchas propuestas con muy pocos matices, sean cuales sean sus finalidades. Cuando planteamos que la innovación no puede ser sostenible, ni perdurable, ni mantenerse sino empezamos a poner condiciones y, sobretodo, cuando algunas de estas condiciones afectan a la función pública y a la situación laboral del funcionariado, las sospechas y descalificaciones afloran desde estas posiciones críticas. 

Si bien aceptamos que el profesorado debe ser el agente clave en los procesos de cambio, a algunas personas les duele que planteemos que su evaluación, los criterios de acceso, de formación de plantillas, de concreción de los horarios laborales, de los modelos de formación permanente, deben revisarse para conseguir, precisamente, un profesorado formado e implicado, con unas buenas condiciones laborales, dispuesto a impulsar en la práctica la renovación, comprometido con la educación… Y que, esto, implica necesariamente, pensar en una función pública alejada de un sistema de privilegios en el que solo cuentan los derechos, como condición para superar la situación actual. Una situación en la que la renovación pedagógica, subsiste gracias a la generosidad y profesionalidad de una minoría –inmensa, pero minoría- del profesorado.

Dejar que las cosas sigan evolucionando de forma natural parece más revolucionario que plantearse reformas en profundidad y algunos colegas nos acusan de agentes del neoliberalismo y de defender intereses oscuros no confesables y escondidos tras una pátina de voluntarismo y progresía, cuando intentamos desde la práctica diaria de los centros educativos impulsar procesos de renovación o redes de intercambio y chocamos con unas condiciones que los imposibilitan y unos intereses que los dinamitan (algunas relacionadas con la configuración de la función pública, junto a otras relacionadas con los recursos o las culturas selectivas o segregadoras existentes en la sociedad, o concepciones centralizadoras de la administración y el currículum). 

La sociedad, la configuración y la circulación del conocimiento, los modelos familiares y de relaciones personales, están cambiando de forma acelerada. Y, esto implica, inevitablemente, que en la educación hay muchas cosas que deben cambiar. Y nuestra responsabilidad pasa por adelantarse de nuevo a los cambios ya que sino van a pasar por encima de los derechos, no solamente del profesorado sino del conjunto de la ciudadanía. Hoy, lo que peligra es ciertamente el modelo de educación pública, y con él la función pública, la democracia, y la emancipación como propósito genuino de este modelo educativo. Y hay que interpretar los esfuerzos que se hacen desde la escuela –por grande o pequeño que sea el proyecto, por humildes que sean los apoyos que tenga, por escasos que sean los recursos…- como intentos de dibujar, en el nuevo contexto social, económico, cultural… una Nueva Educación Pública que neutralice precisamente los intentos del neoliberalismo de limitar el peso que tiene como institución claramente alineada a favor del cambio social, la igualdad, la justicia social y la emancipación de las personas. El inmovilismo es un aliado del conservadurismo que reivindica este papel de adaptabilidad que debe cumplir la educación frente al rol emancipatorio que seguimos reivindicando. Y la construcción de redes de intercambio e innovación son elementos positivos que debemos potenciar y acercar a posiciones de profunda renovación educativa.

Henry Giroux nos animaba hace ya algunos años, a utilizar el currículum como un espacio de confrontación y de lucha por la democracia y la mejora educativa. El problema hoy, ya no es hacerlo –porqué se está haciendo en muchos centros educativos- sino seguir luchando para mejoras las condiciones que permitan extender esta perspectiva. Patrick Vivaret nos proponía el sueño, REVE (REsistencia creativa, Visión transformadora, Experiencia anticipadora), como estrategia para construir una alternativa a la situación actual. Necesitamos estas experiencias anticipadoras, aunque sean imperfectas e inacabadas, tentativas de cambio, de no resignación, de perspectiva de futuro, de eu-topia (el buen lugar posible). Experiencias que deben contaminar todos los campos: una administración que acompañe procesos de innovación y ponga las condiciones para su desarrollo; un profesorado comprometido con el cambio y que huya de una concepción corporativa y sesgada de derechos sin deberes; movimientos de renovación y redes críticas capaces desde la generosidad de compartir y construir nuevo conocimiento; comunidades implicadas. Y errores, seguramente. Pero no los menospreciemos y aprendamos de ellos. 

Construir una alternativa en los tiempos que vendrán requiere una gran capacidad de reflexión y colaboración. Pero también de autocrítica de los sectores profesionales (movimientos, sindicatos, asociaciones, etc.) que, quizás, no han sabido estar a la altura de las circunstancias. En el otro extremo, dejar la iniciativa del cambio al neoliberalismo ya podemos imaginar a donde nos puede conducir. 



Traducció al gallec.

Desde setembro son un aprendiz de xubilado que segue interesándose pola escola e a educación. Ata xuño de 2018 estíveno intentando desde a escola: promover a renovación, traballar en equipo, facer comunidade, cambiar o currículum e a avaliación, impulsar a formación e a reflexión sobre a práctica, formar alumnos críticos, debater, dialogar, conversar, formar, educar..., facer da escola un lugar vivible e habitable, un lugar público, unha escola pública. Durante estes anos non me esquecín de analizar críticamente ás administracións e tamén me atrevín a poñer en dúbida prácticas e posicións corporativas dalgúns dos meus colegas. Non teño, nin hei ter nunca, interese por presumir de currículum. Estíveno intentando e estou satisfeito diso. Baixo o paraugas da renovación, de mellora, do cambio, da innovación. Colleitei algúns fracassos e deles intentei aprender.

A vantaxe da xubilación é que tes máis tempo para ler, para escribir e para conversar con outros colegas. E, últimamente, leo moita literatura pedagógica, cousa que antes non podía. Publico algúns artigos sobre temas de actualidade. E doume conta das outras miradas que coexisten coa miña1. E todo iso lévame a re-examinar moitos temas. Como dicía o poeta o máis terrible apréndese enseguida e o fermoso cústanos a vida
Leo posicións pechadas, unilaterais -radicais- fronte á innovación que aparecen na miña bandexa de News. A sospeita percorre os camiños da innovación e chámase neoliberalismo, banco mundial, fondo monetario internacional...

O certo é que a innovación que hai uns anos era un fenómeno illado e moi minoritario converteuse en noticia de actualidade que merece a atención dos medios de comunicación. En Catalunya, nos últimos quince anos, ata no marco desfavorable dos severos recortes educativos da administración, apareceron numerosas iniciativas e experiencias: escolas de nova creación, rede de Escola Nova 21, Rede de competencias básicas, experiencias de Aprendizaxe-Servizo, e ata movementos de cambio na escola privada (Horitzó 2020 nos Xesuítas, Sumem na Escola Pia). Existen ademais moitas experiencias illadas e todo iso supuxo unha revitalización da renovación pedagógica. Hai interese en estender e consolidar redes para o cambio. A recente proposta de organizar un Congreso de Educación Pública2, responde a esta necesidade: con máis de douscentos centros educativos na súa organización, supón un reto a curto e medio prazo no campo da reflexión e potenciación de novas experiencias.

No entanto, sabemos e constatamos que hai dous intereses en pugna na educación: 
a) contribuír á formación dunha cidadanía crítica, emancipada, dona do seu destino, con todas as ferramentas necesarias para intentar mellorar a sociedade e enfrontarse aos problemas que ten?
b)ou formar cidadáns que se adapten a un mundo desigual, no que cambian as regras de xogo, pero os intereses escuros do capital seguen sendo os mesmos: que siga a desigualdade, a pobreza, a exclusión, a destrución do medio ambiente e que o capital e a riqueza...-e os poderes de decisión- sigan en mans duns poucos. Xa sei da simplicidade desta dicotomía, pero sei que describe unha realidade actual. Neste panorama, observo que a innovación ou o cambio poden interesar tanto a un como ao outro interese antagónico. É máis, a miña experiencia dime que na escola conviven e enfróntanse estas dúas concepcións, nun continuo de accións e reflexións que se entrelazan constantemente. 

Tamén as criticas a experiencias e redes de innovación son confusas, e observo como afectan a moitas propostas con moi poucos matices, sexan cales sexan as súas finalidades. Cando suscitamos que a innovación non pode ser sostenible, nin perdurable, nin manterse senón empezamos a poñer condicións e, sobre todo, cando algunhas destas condicións afectan á función pública e á situación laboral do funcionariado, as sospeitas e descalificaciones afloran desde estas posicións críticas.

Aínda que aceptamos que o profesorado debe ser o axente clave nos procesos de cambio, a algunhas persoas dóelles que suscitemos que a súa avaliación, os criterios de acceso, de formación de persoais, de concreción dos horarios laborais e dos modelos de formación permanente, deben revisarse para conseguir, precisamente, un profesorado formado e implicado, cunhas boas condicións laborais, disposto a impulsar na práctica a renovación, comprometido coa educación. E que, isto, implica necesariamente, pensar nunha función pública afastada dun sistema de privilexios no que só contan os dereitos, como condición para superar a situación actual. Unha situación na que a renovación pedagóxica, subsiste grazas á xenerosidade e profesionalidad dunha minoría -inmensa, pero minoría- do profesorado.

Deixar que as cousas sigan evolucionando de forma natural parece máis revolucionario que suscitar reformas en profundidade e algúns colegas acúsannos de axentes do neoliberalismo e de defender intereses escuros non confesables e escondidos tras unha pátina de voluntarismo e progresía, cando intentamos desde a práctica diaria dos centros educativos impulsar procesos de renovación ou redes de intercambio e chocamos cunhas condicións que os imposibilitan e uns intereses que os dinamitan (algunhas relacionadas coa configuración da función pública, xunto a outras relacionadas cos recursos ou as culturas selectivas ou segregadoras existentes na sociedade, ou concepcións centralizadoras da administración e o currículum).

A sociedade, a configuración e a circulación do coñecemento, os modelos familiares e de relacións persoais, están cambiando de forma acelerada. E, isto implica, inevitablemente, que na educación hai moitas cousas que deben cambiar. E a nosa responsabilidade pasa por adiantarse de novo aos cambios xa que senón van pasar por encima dos dereitos, non soamente do profesorado senón do conxunto da cidadanía.

Hoxe, o que periga é certamente o modelo de educación pública, e con el a función pública, a democracia e a emancipación como propósito xenuino deste modelo educativo. E hai que interpretar os esforzos que se fan desde a escola -por grande ou pequeno que sexa o proxecto, por humildes que sexan os apoios que teña, por escasos que sexan os recursos...- como intentos de debuxar, no novo contexto social, económico, cultural... unha Nova Educación Pública que neutralice precisamente os intentos do neoliberalismo de limitar o peso que ten como institución claramente alineada a favor do cambio social, a igualdade, a xustiza social e a emancipación das persoas. 

O inmovilismo é un aliado do conservadurismo que reivindica este papel de adaptabilidade que debe cumprir a educación fronte ao rol emancipatorio que seguimos reivindicando. E a construción de redes de intercambio e innovación son elementos positivos que debemos potenciar e achegar a posicións de profunda renovación educativa.

Henry Giroux animábanos hai xa algúns anos, a utilizar o currículum como un espazo de confrontación e de loita pola democracia e mellóraa educativa. O problema hoxe, xa non é facelo porqué estase facendo en moitos centros educatives, senón seguir loitando para mellorar as condicións que permitan estender esta perspectiva. Patrick Vivaret propoñíanos o soño, REVE (Resistencia creativa, Visión transformadora, Experiencia anticipadora), como estratexia para construír unha alternativa á situación actual. Necesitamos estas experiencias anticipadoras, aínda que sexan imperfectas e inacabadas, tentativas de cambio, de non resignación, de perspectiva de futuro, de eu-topia (o bo lugar posible). Experiencias que deben contaminar todos os campos: unha administración que acompañe procesos de innovación e poña as condicións para o seu desenvolvemento; un profesorado comprometido co cambio e que fuxa dunha concepción corporativa e sesgada de dereitos sen deberes; movementos de renovación e redes críticas capaces desde a xenerosidade de compartir e construír novo coñecemento; comunidades implicadas. E erros, seguramente. Pero non os menosprecemos e aprendamos deles.

Construír unha alternativa nos tempos que virán require unha gran capacidade de reflexión e colaboración. Pero tamén de autocrítica dos sectores profesionais (movementos, sindicatos, asociacións, etc.) que, quizais, non souberon estar á altura das circunstancias. No outro extremo, deixar a iniciativa do cambio ao neoliberalismo xa podemos imaxinar a onde nos pode conducir.