dijous, 10 de novembre de 2011

Educació lenta i fracàs escolar

En un text que m'han demanat des de la revista Muy interesante, he intentat descriure la relació entre aquests dos conceptes. Vet aquí el resultat:


La escuela lenta plantea una nueva mirada sobre el tiempo educativo. Una mirada que reivindica la necesidad de adecuar el tiempo de la educación a cada alumno y a cada aprendizaje. Cada niño y niña tiene un ritmo específico de aprendizaje y cada aprendizaje necesita un tiempo para que pueda ser comprendido. La educación lenta no es más que buscar el “tiempo justo” para que todos y cada uno de nuestros alumnos y alumnas, puedan desarrollar sus capacidades e intereses, de forma plena. Se opone a la aceleración de la enseñanza que se basa en la superficialidad, en los aprendizajes efímeros –tan rápido como se aprenden, se olvidan- y busca dar un sentido a la escuela y a la educación que devuelva el tiempo plenamente educativo y humano al acto de aprender.

Hay muchos estudios que, por ejemplo,  nos indican que no tener en cuenta al alumnado en el diseño de los programas escolares (sus intereses, sus capacidades, su ritmo de aprendizaje, su propia cultura) favorece el fracaso escolar. Cuando estos programas están basados en una gran homogeneidad, sustentados en unos únicos materiales de trabajo –manuales, libros de texto-, sobre la base de que todos los alumnos deben realizar las mismas actividades al mismo tiempo, deben ser evaluados con idénticos criterios y se les debe exigir lo mismo… el resultado es el fracaso escolar.

En tanto que la educación lenta propone tener en cuenta precisamente todos los aspectos diferenciales de cada niño y niña, está poniendo las bases para intentar encontrar soluciones al fracaso escolar desde una nueva perspectiva.

Hay que tener en cuenta, sin embargo que el fracaso escolar depende de muchos factores, incluidos los relativos a los entornos familiares y sociales. Pero desde el punto de vista de la escuela, también debemos plantearnos que alguna responsabilidad tenemos para intentar combatirlo. Creo que a menudo hay un gran desfase entre la velocidad en que el profesorado enseña y en que el alumno aprende. Y este desfase, está en nuestra manos poderlo corregir o, al menos, disminuirlo.