dissabte, 28 de novembre de 2009

El baile de la Victoria

Amb la pel.lícula et fan ganes de llegir el llibre. Skármeta sempre et transporta al territori límit entre la realitat i la ficció, entre el somni i la vida. I l'amor, que sempre ronda en les seves propostes. La interpretació dels tres protagonistes, magnífica: un lladre expres en plena solitud, un jove optimista sense més i una noia plena de bellesa, sensibilitat i emoció.





Al ingresar en la zona, el joven no pudo impedir que la felicidad lo desbordara. Era como si una ducha de pistones, semejante a aquella que usan para pintar la carrocería de los autos, le hubiera barrido el sarro que acumulaba en sus entrañas. Se sentía limpio, ligero, y al darse cuenta de que estaba a punto de ejercer en plena calle una cabriola de baile, entendió por primera vez a aquellos héroes de los musicales de Hollywood que se ponían a cantar o a bailar cuando caían en éxtasis. Se había descargado de tantas mochilas que le doblegaban el lomo que ahora se sentía un animal liviano y flexible, ágil de mente y rápido de pezuñas. Dúctil, y tan transparente que le parecía que todo el mundo se daría cuenta de la doble fuente de su felicidad: eso que sentía por Victoria Ponce era muy probablemente lo que en el cine y las canciones llamaban «amor»